viernes 16 de marzo de 2012

EL LADO OSCURO


Uno de los muchos filones espirituales de la saga cinematográfica "La Guerra de las Galaxias" es la idea de que hay en el Universo quienes deliberadamente optan por el Lado Obscuro de la vida y quienes lo hacen del lado de la Luz. Me refiero al conflicto entre Darth Vader y Lou Skywalker.
Esta idea, aunque emparentada con la vieja doctrina maniquea y que parece exagerada en esta era, existe en la vida real, sobre todo en los medios de comunicación.
Por mucho tiempo, el periodismo era, ante todo, la fundamentación de una cultura de conversación comunitaria, cuyo objetivo no era representar e informar, sino señalar y narrar, abrir espacios para que la sociedad se encontrara.
Era, hasta los 60´s, un periodismo crítico pero no amargo, reflexivo pero no mutilante. Pero poco a poco, al impacto de los medios electrónicos, las cosas cambiaron.
La televisión comercial, urgida de crecientes audiencias que les garantizara mejores patrocinios, empezó a explorar el Lado Obscuro de la sociedad, ese que todos tenemos por ahí guardado en los pliegues de la conciencia.
Y los espectáculos de muerte florecieron: el box, las carreras de autos, el propio foot ball americano. Y luego las viejas e ingenuas violencias maniqueas de pieles rojas contra vaqueros y policías contra bandidos se volvieron las abyectas cintas de sangre, de pesadilla, de seres surgidos del infierno personal de enfermos mentales y de drogadictos, y se volvieron culto entre los jóvenes de cada una de las siguientes generaciones.
Nos volvieron adictos a la catástrofe y a la muerte e hicieron de la degradación un ideal. Y la prensa, a veces por sobrevivencia y a veces por apetito, entro al juego macabro del Lado Obscuro de la vida.
Para vender hay que ser oscuro, dejar sin esperanza a la gente, que no haya escape posible, excepto aquel que el propio medio otorga: leer o ver determinado medio es el único recurso de no perdernos en este inmenso vacío espiritual que ellos pregonan. Esa es la teoría del líder carismático del Idealismo alemán
Y lo curioso es que la vida no es eso. Mas bien los Rebeldes de la Luz, los caminantes del Sendero de la Compasión, los seres de todos los días, viven y gozan las cosas sencillas, las pequeñas obras y son los que pueblan la Tierra y hacen que la vida avance.
Los verdaderos héroes van a la escuela y no se drogan ni matan, algunos funcionarios públicos trabajan en verdad para la gente, las madres cuidan a sus crías y los padres hacen lo mejor posible para dar lo mas a los suyos. Todos los días, toda la gente.
En nuestro tiempo vivió la Madre Teresa de Calcuta, pero los medios prefieren a Lady Gaga.
Entre nosotros hay profesores que dedican todo su tiempo a forjar almas juveniles, pero los medios sólo ven huelgas y falta de orden.
Y así cada cosa.
Nos volvieron adictos a la catástrofe y a la muerte e hicieron de la degradación un ideal.

sábado 3 de marzo de 2012

FLUJO


Me siento a escuchar. Cierro los ojos y de repente percibo como el tiempo pasa a través de mi, inexorable, indiferente,
No logro asir el instante.
Todo es un continuo y vertiginoso fluir. No hay tregua.
Oigo una canción y se desliza por el tiempo sin que pueda detenerla.
Es el río de Heráclito: “nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”. Esa es la vida.
Cómo y dónde está la respuesta para detener el vértigo, para que mi yo profundo se quede quieto, para que yo sea el tiempo, eterno, sin principio ni fin.
Y las palabras se acaban.
Han fluido y se me han escapado y ya no queda nada, excepto este fluir incesante.

lunes 27 de febrero de 2012

TIEMPOS TRAEN TIEMPOS


Tengo muchos quereres en Morelia y aquel 15 de Febrero para mi era sólo un día más desde mi paraíso hermosillense.
Marqué uno de los teléfonos celulares de allá y nada. Un ominoso letrero decía “no hay contacto, la red está ocupada” o algo por el estilo.
Yo sabía tenía saldo y aquí si había señal, así que no era problema mío. Marqué otra vez y lo mismo.
Marqué otro, a otra de mis hijas Y EL MISMO LETRERO.
Necio como soy marqué una y otra vez Y EL MISMO LETRERO.
Marqué el número de un amigo moreliano Y EL MISMO LETRERO.
Y entonces entendí: ese 15 de febrero de 2012 tomaba posesión Fausto Vallejo como Gobernador y estaba anunciada la visita del joven Peña, y de remate estaría en Morelia Andrés Manuel López Obrador para asistir al funeral de su suegro.
No había señal porque efectuaron un bloqueo telefónico general, como constataría en la tarde.
Alguien, quizás Presidencia o Gobernación o la CIA habían ordenado silenciar Morelia supongo para evitar que esos personajes fueran detectados por álguienes perversos que los atemorizaban.
Me pregunté seriamente para qué quieren gobernar si nos tienen terror, si viven en la paranoia, cercados por guaruras y lo más lejos posible de nosotros la gente. Nos tienen miedo y son lejanos y amedrentados.
No juzgo. Quizás tengan razón al estar amedrentados siempre. Quizás el peligro sea real.
Y recordé escenas de otros tiempos.
Primer día de clases en la Preparatoria # 1 en San Ildefonso. Me senté junto con Jorge y Samuel con quienes venía desde la Primaria y la Secundaria, y en la banca de al lado se acomodó un curioso gordito de nariz en forma de bola. “Soy Horacio”, nos dijo.
Hola Horacio,
El maestro de Griego, Demetrio Frangos, pasó lista y lo nombró: Gustavo Carvajal Moreno.
Fuimos amigos, Jorge, Samuel, Horacio y luego Juan Manuel. Y yo.
Una mañana, comiendo tortas en El Pánuco hicimos recuento de familia. El papá de Jorge era maestro de primaria, el de Samuel era vendedor, el de Horacio era el Secretario de Gobernación, el de Juan Manuel era carpintero y el mío maestro universitario.
A ninguno nos extraño ni nos importó que Horacio fuera hijo del segundo hombre más poderoso del país en tiempos de Adolfo Ruiz Cortines. Horacio llegaba en camión, solito, sin guaruras. Tenía tan poco dinero para gastar como nosotros y nadie le regalo una calificación por ser hijo de Don Ángel.
Eran otros tiempos.
Por esa época, nombraron a mi padre, José Romano Muñoz, Director General de Enseñanza Superior de la SEP.
Un día me instruyó: “el Subsecretario de Educación Dr. Manuel Sandoval Vallarta llega todos los días a las 9 en punto en camión. Ya sabes que tiene problemas en una pierna. Espéralo en la esquina de Argentina y González Obregón y ayúdalo a atravesar la calle hasta el edificio de la Secretaría”, ordenó mi viejo.
Y durante el resto de mi segundo año de Prepa iba a esa esquina, ayudaba a esa gloria nacional, uno de los físicos teóricos más afamados del mundo, a bajar de su camión Prado Norte, lo tomaba del brazo y rengueando me hacía contarle qué estaba viendo ese día en mi escuela hasta que tomaba el elevador del edificio que enjoyó Diego Rivera.
Eran otros tiempos.
En 1986 yo era Director de Noticiarios del Sistema Michoacano de Radio y Televisión que habíamos fundado un año antes.
Una tarde me llaman de la secretaría particular del Gobernador Cuauhtémoc Cárdenas indicándome que el Ingeniero quería hablar conmigo.

La cita fue a las 6.
Cárdenas, adusto y gentil como siempre, me dio una serie de instrucciones respecto a las elecciones estatales que se avecinaban, y hacia las 7 me dijo “véngase conmigo Sergio, lo invito a mi casa”.
Supuse que iríamos en la camioneta oficial con su único eterno acompañante, Carlos Mandujano, pero no: bajamos la escalera y charlando conmigo salimos a la calle. Pasamos a pie por la Plaza Ocampo, tomamos por Morelos hasta la Lázaro Cárdenas y por la Ventura Puente llegamos a Camelinas y finalmente a su modesta casa alquilada en el Campestre.
Fue una larga, muy larga caminata.
La gente lo saludaba y varias personas se acercaron a hablar con el Gobernador.
Íbamos solos, sin guaruras, sin escoltas.
Quizás en aquella época no hacía falta y ahora sí.
Eran otros tiempos.
En éstos tiempos quieren gobernar y nos tienen terror, viven en la paranoia, cercados por guaruras y lo más lejos posible de nosotros la gente. Nos tienen miedo y son lejanos y amedrentados.
Tiempos traen tiempos.

miércoles 22 de febrero de 2012

EL GRAN SILENCIO


Pese a mi experiencia periodística fui contagiado por la histeria gremial, por el lamento generalizado de los medios porque durante mes y medio no podremos entrevistar a candidatos porque hay el riesgo de que el IFE o el CEE determinen ad limitum que hay promoción del voto o que es entrevista pagada y entonces seremos quemados ambos, periodista y político, en la leña verde de la novísima Santa Inquisición electoral.
Pero mas allá de la histeria estaba la verdad: ¿en serio nos importa tanto dar a conocer el pensamiento de señoras y señores que aúllan buscando un puesto de elección popular? ¿de verdad creemos que la gente, nuestros televidentes y/o radioescuchas están ansiosos de oír los lugares comunes del señor Peña o los arrebatos maternales de la señora Vázquez o este amoroso viraje del señor López?
¿no preferirá la gene que hablemos de la gente?
Creo que deberíamos aprovechar este interregno de las campañas para informar de las carencias, de las necesidades, de los diagnósticos y soluciones a los inmensos problemas nacionales, desde el desempleo y la pobreza hasta la violencia que se ha vuelto una manera fácil de gobernar desde la crisis.
Si los legisladores inventaron esta veda y el sistema electoral para que los medios no seamos los que inclinemos preferencias y para que ese dinero que nos entraba en esta época ahora se lo repartan como botín los Partidos, si querían que no fuéramos factor de decisión démosles gusto: abstengámonos para siempre de hablar de ellos, de reportearlos, de transmitir sus sandeces y sus mentiras.
Creo que en ese gran silencio podríamos recuperar la voz oculta de la Patria.

domingo 12 de febrero de 2012

EL ALBEDRÍO SEGÚN DIOS


La televisión es como la vida. Ahí, presos y listos a saltar del aparato, están ya todos los canales, todas las opciones, y de pronto uno enciende el televisor y opta.
La otra noche fui a dar al Canal 11, el del Politécnico Nacional. El tema era los directores de orquesta.
Opté y me quedé.
Dedicaron largo rato a Wilhelm Furtwängler, el legendario director de la Filarmónica de Berlín desde el principio de los años 20´s hasta el principio de II Guerra Mundial.
Lo vimos en viejas películas dirigir Beethoven y sacar sonidos inéditos a esa portentosa orquesta berlinesa, y ciertos musicólogos nos explicaron cómo era Furtwängler como músico. Y me quedó claro: era un anarquista, era un creador, era un libertario que rompía tempos y estructuras haciendo sonar la obra diferente a como fue escrita, pero muy bella.
Por el lado contrario presentaron a Leopoldo Toscanini, el genio italiano, fanático de la disciplina, de la precisión, empeñado en hacer que la música sonara como la concibieron Bach o Menndelshon o Brahms.
Entonces entendí a Dios.
La melodía ya está escrita por El allá adentro de mi.
De mi depende cómo interpretarla, como darle tempo y ritmo.
La música la escribió Dios y yo soy el músico.
Furtwängler o Toscanini.
Eso es albedrío.

viernes 10 de febrero de 2012

UN POCO DE REALIDAD


El narco de pronto emergió como un monstruo mitológico en la vida nacional, pero no fue porque antes no se le combatiera, sino porque en el gobierno de Fox, por quedar bien con los gringos, cerró nuestra frontera por completo, y entonces la droga que antes consumían los drogos gringos se quedó de acá de este lado.
Lo mismo que les pasó en Perú, en Bolivia y en Colombia.
Pero si dejamos de lado la hipocresía tenemos que admitir que gran parte de los mexicanos viven gracias al narcotráfico; baste recordar que en mayo de 2008, el subsecretario de Estado adjunto para Asuntos de Narcóticos, David Johnson, advirtió en la Cámara de Representantes que en nuestro país al menos 150 mil personas están directamente involucradas en el negocio del narcotráfico y otras 300 mil se dedican al cultivo y procesamiento de mariguana y opio. El director de la DEA para México y Centroamérica en 2004, Larry Holyfield, reveló que los cárteles mexicanos mueven 65 mil millones de dólares al año.
Son 450 mil familias. Y súmele los “honrados” comerciantes que negocian con ellos, etc., etc.,y estamos hablando de una multitud que medra con el narcotráfico, incluyendo narcopolicías y no pocos funcionarios.
Esta reflexión no implica que la lucha de Calderón sea inútil. Por el contrario: era necesaria y es importante. Pero para efectos electorales eso de “librar a nuestros hijos de las drogas” afecta la forma de vida de millones de mexicanos y no les dan nada a cambio
Es como el caso de la piratería por ejemplo, también objeto de lucha del Felipato. La comercialización de mercancías ilegales, como el contrabando y la piratería, representa el 12% del Producto Interno Bruto, porcentaje que es generado por 27% del total de la Población Económica Activa ocupada en el país, es decir 11 millones 340 personas, según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, (CEESP). Mucha gente vive de eso.
Nuestro pueblo vive del narcotráfico, del contrabando, de la piratería y de las remesas, que para colmo han caído un 8.5%, y Calderón ataca todo eso en un justo pero peligroso esfuerzo legal.
Siquiera no se les ha ocurrido cobrar mas impuestos porque lo recaudado no le alcanza ni para pagar su operación regular. Por primera vez en 19 años, el gasto corriente del Gobierno federal fue superior a los ingresos tributarios, según estadísticas de la Secretaría de Hacienda.
Y las razones tienen que ver con la ineficacia: más de 1.6 millones de empresas y personas físicas con actividad empresarial financiaron parte de sus operaciones a través del aplazamiento o suspensión del pago de impuestos, informó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Según reportes de la dependencia, el monto de los llamados créditos fiscales se elevó a 743 mil 783.8 millones de pesos, cantidad que resulta superior a la recaudada por concepto del impuesto sobre la renta (ISR), que se ubicó en 721 mil 835.5 millones
Pero gran parte de la preocupación nacional está en que Vicente Fernández ya no dará conciertos.
Shit.

jueves 9 de febrero de 2012

DECENA TRÁGICA


Aquella madrugada del domingo 9 de Febrero de 1913, cinco tranvías cargados de cadetes de la Escuela de Aspirantes de Tlalpan totalmente armados, se dirigían hacia el centro de la dormida ciudad de México.
Era el principio de una revuelta armada encabezada por el general Gregorio Ruiz, ameritado militar porfirista que se lanzaba a la sedición para tratar de rescatar a dos amigos suyos presos en la cárcel militar de Santiago Tlatelolco por sendos levantamientos contra el gobierno de Madero: los generales Bernardo Reyes y Félix Diaz.
Dos de los contingentes de Aspirantes marcharon hacia Palacio Nacional y lo ocuparon sin resistencia de parte de los dos pelotones ahí destacados, mientras los otros tres destacamentos fueron a la prisión militar y sin disparar todavía un solo tiro lograron que el Alcaide entregara a ambos prisioneros.
Para entonces ya había sido avisado de los hechos el comandante de la Plaza de la Ciudad de México, el general Lauro Villar, el legendario "Remington", héroe de mil batallas militares y amorosas y de todas las demás también. El Remington reunió un grupo de zapadores y a una compañía de sus propias tropas y se dirigió a la Iglesia de San Pedro y San Pablo, y desde ahí sus zapadores empezaron a romper muros hasta que lograron entrar al recinto del Palacio Nacional.
Lauro Villar entró solo, y se topó con los Aspirantes. El mero influjo de su personalidad bastó para que aquellos chamacos que estudiaban para ser sargentos y cabos, entregaran las armas. En el patio de honor encontró al General Ruiz y personalmente lo arrestó.
Cuando sus tropas lo alcanzaron, Villar ordenó formar un cuadro y sin mas trámite ordenó fusilar al sedicioso Gregorio Ruiz.
Mientras, la columna en donde venían Reyes y Diaz empezaba a crecer entre mirones, los Aspirantes y algunos pelotones de tropas metropolitanas que se habían sumado al contingente, sabedores del renombre que como soldado y político tenía Reyes, al punto de que en 1908 se pensó por un momento que podía ser el Vice Presidente de México para de ahí suceder a don Porfirio a quien la ancianidad empezaba a vencer. Pero don Porfirio prefirió a Ramón Corral y el resto es historia.
En Palacio Nacional, el Remington organizó la defensa: situó sus tropas en el techo y colocó nidos de ametralladoras en las tres puertas de Palacio y mandó cubrir los accesos laterales.
A todo esto eran las 10 de la mañana y la gente que salía de misa de la Catedral Metropolitana se empezaba a agolpar frente al poco usual espectáculo de tropas en posición de batalla en Palacio Nacional.
De pronto irrumpió en el Zócalo la columna de Bernardo Reyes, que montaba un espléndido caballo tordillo. En la acera, solo, esperaba el general Lauro Villar. Reyes se le acercó y le dijo "Lauro, estoy en armas contra Madero, úneteme".
Y el Remington, leal como siempre, le replicó: "No Bernardo, traiciones no: eres mi prisionero", y le sujetó las riendas. Reyes sacó su arma y disparó contra el Remington hiriéndolo gravemente, y en ese momento rugió el infierno: las tropas de la azotea dispararon y los reyistas, tomados de sorpresa, empezaron a recular. Desde la puerta de Honor, agazapado tras de unos costales, estaba con una ametralladora el contralmirante Hilario Rodríguez Malpica, que al ver caer al Remington disparó contra Reyes, quien murió al instante.
Félix Diaz, acompañado de ese gran artillero que fue el general Manuel Mondragón, huyó del Zócalo y no paró hasta llegar al fortín conocido como La Ciudadela, por los rumbos de Avenida Chapultepec, y ahí se atrincheró con sus leales.
En el Zócalo yacían decenas de muertos, sobre todo curiosos.
Desde la residencia presidencial del Palacio de Chapultepec ya iba hacia el centro de la Ciudad el Presidente Madero, escoltado por la lealtad inalterable de los Aguiluchos del Heroico Colegio Militar.
Al llegar a Bucareli le dijeron que Lauro Villar, comandante de la plaza, estaba en la lista de heridos e incapacitado para defender a su Presidente, y nombró de inmediato a Felipe Angeles para el cargo, pero al llegar a San Juan de Letrán (hoy eje Lázaro Cárdenas) lo encontró el General Victoriano Huerta y le pidió ser él quien dirigiera las acciones contra Félix Diaz por ser de mayor rango que Angeles, y en un error mortal, Madero accedió.
Había empezado la Decena Trágica y Madero había nombrado a su propio verdugo: Huerta.