viernes 27 de enero de 2012

CONCUPISCENCIAS Y OTRAS REVERSAS


Eliot Spitzer era casi un superhéroe de película mala. Hijo de padre millonario, abogado egresado Princeton con un postgrado en Harvard, fue elegido en 1998 Fiscal General de Manhattan, y desde ahí lanzó una ofensiva moralista y legal en contra de todo y todos: metió a la cárcel a casi toda la mafiosa Familia Gambino, puso en jaque a la ilegal industria del vestido de La Gran Manzana y encarceló a lideres de los transportistas que extorsionaban a sus agremiados; arremetió contra la todopoderosa compañía de seguros American International Group y hasta Richard Grasso, ex Presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York también fue blanco de su furia justiciera
Con esas y otras medallas Spitzer ganó la gubernatura de Nueva York en 2007, pero los poderosos a los que había enjuiciado y exhibido no lo perdonaron: le pusieron vigilancia extrema y en 2008 descubrieron que el héroe inmaculado contrataba prostitutas de mil dólares la hora.
Gastó 80,000 dólares en esas jovencitas no me digas en qué trabajas. The New York Times publicó la historia y en noviembre de 2008 renunció al cargo en medio del un escándalo mayúsculo.

Marcial Maciel nació y creció en tierra cristera y de familia ultra católica. Su tío Rafael Guizar y Valencia es santo, canonizado por Benedicto XVI.
Hacia 1945 el joven sacerdote fundó Legionarios de Cristo, poderoso movimiento autorizado por Paulo VI y que hoy tiene por lo menos 800 sacerdotes con presencia en 22 países y más de 50 mil miembros.
La obra era y es extraordinaria, pero al lado del trabajo piadoso de Maciel crecieron los escándalos. Una y otra vez fue acusado de haber abusado sexualmente de novicios de la Legión, pero todo fue acallado por el mismo Vaticano, hasta que surgieron sus hijos José Raúl, Christian y Omar González Lara, así como quien fuera su pareja por 25 años, Blanca Estela Lara Gutiérrez. Luego apareció otra hija en España, a quien Maciel canalizó grandes sumas de dinero.
Ya nada detuvo el escándalo. En 2006, el Papa Benedicto XVI, ordenó a Maciel “retirarse a retirarse a una vida reservada de oración y penitencia y a no cumplir con su ministerio público”.
Lo había expulsado de la Iglesia y murió en 2008 en Estados Unidos, solo y repudiado.

Veo la televisión en estos días en que nos bombardean con mensaje del IFE o las campañas internas del PAN y ahí está él, aquel que le dijo a López Obrador que se portara como “hombrecito” en aquellos amargos momentos del desafuero. Ahí está Santiago Creel, con su esposa hablando de las bondades de la unidad familiar, y en el mismo Canal más tarde aparece la actriz Edith González leyendo con su pequeña hija, cuyo padre es el ex Senador.
Y aquí no pasa nada.


Fue un agasajo, mejor que cualquier telenovela: ella, La Gaviota, inmaculada, preciosa, heroína de Destilando Amor. Él impecable, como galán de los 50´s. Ella con su tres hijas y él con sus tres hijos.
Jorge Castro, el primer marido de Gaviotita, se había casado con ella por la Iglesia, pero El Vaticano anuló esa unión. ¿Matrimonio anulado a pesar de tener descendencia? Vaya cosa.
Castro no fue a a la boda y tampoco fue la primera esposa de Peña, Mónica Pretelini, quien convenientemente murió en 2007 de una enfermedad que Peña no pudo recordar cuando lo entrevistó Jorge Ramos.
Todo precioso y maravilloso. La Pareja Ideal. Música de Los Panchos por favor.
Y de pronto este martes 24 el sofoco, la pena ajena: en entrevista con Katia DÂrtigues confesó que tuvo dos hijos fuera del matrimonio y habló de los momentos críticos por los que dijo atraviesan todas las parejas y eso, a su muy particular modo de ver, justificaba las infidelidades e incluso la procreación de criaturas con las que tampoco puede convivir.
Se sabe que de esos dos pequeños nacidos fuera del matrimonio uno murió, dijo que de un tumor, aunque no dijo que tenía año y medio de edad, que el tumor era maligno, que lo sometieron a diversos exámenes pero que cuando decidieron trasladarlo al extranjero para intentar curarlo ya era muy tarde y que su fallecimiento tuvo lugar apenas mes y medio después del de la señora Mónica Pretelini, quien tenía riñas y enfrentamientos frecuentes, como se rumoraba, por las infidelidades de don Enrique. Hoy, él mismo las confiesa.
Fue una jugada hábil de su equipo de imagen. “Saca de una vez todos tus cadáveres antes de que PAN o PRD te lo descubran”, deben haberle dicho. Lo malo es que ocurre ahora, cuando va rumbos a Los Pinos y el lodo lo puede salpicar, pero en sus años de Gobernador bueno de mustio.
Ahora se confiesa infiel y pecaminoso y no pasó nada.
Como Creel. Somos mexicanos; aquí nada de Spitzer ni de Maciel. No faltará macho que le aplauda ni doñita que le suspire.
Yo podría tirar la primera piedra pero en la San Benito ni piedras hay. No me asusta lo del hijo, me preocupa la falta de carácter del personaje.
Hijos fuera del matrimonio, mujer muerta, actriz famosa vente conmigo, tío acusado de rata (Arturo Montiel), padrino bajo sospecha (Salinas de Gortari) y luego los libros.
Por supuesto que el problema no está en que haya confundido a Carlos Fuentes con Enrique Krauze. Eso a cualquiera le pasa.
El problema es que su equipo le preparó una tarjeta con el que en ese momento era su libro preferido y le indicaban dijera “La Silla del Águila”, pero la pregunta fue otra: los tres libros que lo habían influido más, y no supo qué hacer. Derrapó, trastabilló, hizo el oso. No tiene capacidad de respuesta ni talento para hablar más allá del guión cuidadosamente elaborado a su medida.
Y luego los gaffes políticos: trae a Humberto Moreira y nadie investiga es un pillo redomado.
Moreira hace alianzas turbias con PANAL y el Verde y provoca la ruptura con Manlio. Entonces corran a Moreira.
Se el enturbia la relación con Elba Esther Gordillo por mil razones y rompe la alianza con PANAL.
Permite y avala la llegada al CEN del partido de personajes que hace apenas un año habían sido expulsados del PRI, como José Murat; la reaparición de Mario Marín; las candidaturas de Ismael Hernández, de Cavazos Lerma, del Niño Verde; el conflicto en Guerrero entre Manuel Añorve y la familia Figueroa; la candidatura, finalmente frenada, de la esposa de Jorge Hank Rhon al Senado; las acusaciones de la familia de Mario Villanueva en contra de dirigentes cercanísimos a Peña Nieto.
No sólo es la concupiscencia sino las absurdas reversas y la falta de talento.
Pero no es Spitzer ni Maciel.
A Creel y a Peña se les perdona todo.
Y aquí no pasa nada.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada